Hoy estaba descansando, en el rincón favorito de todos en toda la casa. Divirtiéndome un poco viendo una historia de amor propia de la época navideña manejada por la magia, vamos, algo ficticio alejado de la vida real. Terminó, como no, con un final bonito y feliz, también característico de esas películas, como bien he dicho, alejadas de la realidad. Terminó y noté como una suave mirada se introducía dentro de mí, haciéndome recordar viejos tiempos, en los que habitualmente compartía mucho más tiempo con aquellos que me dieron la oportunidad de vivir. Domingo, era el típico día para salir de su mano. Compartimos miradas y no tardamos en intercambiar sonrisas. Lo cierto es que desde que me di cuenta de que esa persona pasaba de ser una autoridad a ser mi mejor amiga, todo va mucho mejor.
Aquella que te escucha, te calma, te abraza, te seca las lágrimas cuando lloras, te da energía positiva y sobretodo aquella que sabes que siempre entenderá tus problemas y nunca te decepcionará. Esa persona a la que le puedes dar todo, porque sabes que no lo desechará y te lo devolverá de la misma forma. Una pena no haberme dado cuanta antes de que el centro de apoyo más grande estaba aquí, a mi lado, desde que nací.
Gracias mamá por subirme el ánimo cada día.
De mi parte, gracias por todo lo que ha hecho por los de su alrededor, sobretodo contigo.
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