Piensa

Vi el otro día a un muchacho de no más de 18 años, que iba en bicicleta. Era vieja, sin apenas color y que tenía pinta de chirriar en cada pedaleada. El chico tenía un aspecto enriquecido y con aires modernos ¿qué gracioso verdad? La bicicleta no se correspondía físicamente con él... Pero ¿y sentimentalmente? Quizás fue su primer vehículo, quizás tiene una historia especial o alomejor es una herencia. Sea lo que sea, no importa; con ello vengo a decir que no se puede hablar sin conocer, sin saber, sin haberte parado a observar y ha aprender algo más que ha ver lo exterior. ¿Qué pasa si en el bus ves a un chaval con mal aspecto? Rápidamente pones cara de circunstancia y te apartas de su lado, porque su cadera esta rozando con tu brazo. ¿Y si ves a alguien con trazas finas? No importa, seguro que tiene buena educación y saber estar. ¿Y qué sucede cuando bajas del bus? ¿Quién te empuja?

Por tanto no te confíes, ni opines sin pararte a observar. Haz de las palabras necias, oídos sordos y se lo suficientemente independiente para saber distinguir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario