Es curioso como aun sabiendo nuestra patética situación económica, irrefutable, no nos lastimamos ni nos olvidamos de ningún detalle navideño. Seguiremos dándonos los mismos estúpidos e incoherentes atracones y conseguiremos volver a regalar ilusiones a los más pequeños. Sin embargo, todo será diferente.
Antes, pese a sabiendas de que escatimábamos de bienes, agotábamos las existencias en los almacenes de comida insana navideña. Ahora, seguiremos peleándonos por conseguir los mejores productos, pero a cada trocito que comas te dolerá, como duele una vacuna a cada ser humano no inerte. La cuesta de Enero pasará a ser la meta imposible y acabarás por no irte de rebajas, no funciona tu economía.
Sin embargo, los seres más inocentes de este planeta, habrán vuelto a creer en su gordinflón de rojas ropas y de barba sin afeitar, estarán jugando con sus regalos hasta que llegue su cumpleaños, entonces… los retirarán y tú, los tirarás sin reparo, sin pensar a cuantos niños podrías hacer feliz con la basura que tu hijo o hija proquea en su habitación.
Así somos, convertimos el dinero en basura y esa basura, no la reciclamos.