Navidad en picado.


Es curioso como aun sabiendo nuestra patética situación económica, irrefutable, no nos lastimamos ni nos olvidamos de ningún detalle navideño. Seguiremos dándonos los mismos estúpidos e incoherentes atracones y conseguiremos volver a regalar ilusiones a los más pequeños. Sin embargo, todo será diferente.

Antes, pese a sabiendas de que escatimábamos de bienes, agotábamos las existencias en los almacenes de comida insana navideña. Ahora, seguiremos peleándonos por conseguir los mejores productos, pero a cada trocito que comas te dolerá, como duele una vacuna a cada ser humano no inerte. La cuesta de Enero pasará a ser la meta imposible y acabarás por no irte de rebajas, no funciona tu economía.

Sin embargo, los seres más inocentes de este planeta, habrán vuelto a creer en su gordinflón de rojas ropas y de barba sin afeitar, estarán jugando con sus regalos hasta que llegue su cumpleaños, entonces… los retirarán y tú, los tirarás sin reparo, sin pensar a cuantos niños podrías hacer feliz con la basura que tu hijo o hija proquea en su habitación.

Así somos, convertimos el dinero en basura y esa basura, no la reciclamos.

Zapatos descoloridos, otra vez.

Es curioso saber que el mismo protagonista del texto de “zapatos descoloridos” haya recobrado un nuevo pensamiento.

Hace unos días, me le volví a encontrar, a ese Don Quijote del bus AUVASA, en su sitio de la otra vez, con sus mismas vestimentas pero con una nueva visión ante mí. En febrero de este año tenía unas manos llenas de vacío, la vida correteando entre sus entrañas con ganas de escabullirse e incrustarse en cualquier otro lugar inútil. No sé cómo, ni la razón, pero en este viaje, nuestro protagonista dejaba las manos abiertas, para convertirse en una cárcel de manos suntuosas. Había cogido la vida como si la muerte le hubiera acechado en sus mejores vivencias del día a día, como si alguien le hubiera otorgado un segundo nacimiento, es más, su larga y nevada barda seguía en la misma medida.
Pese haber cogido las riendas de su vida, seguía sin mostrar ningún tipo de emoción, seguía con un gesto de pasotismo, ni risas, ni llantos, ni siquiera bostezos de cansancio por luchar contracorriente.

Sentado al fondo del todo, en el asiento del medio cual títere en manos de un niño sin brazos ni manos… inmóvil.

Dame la mano, yo te resguardo.

- ¿Para usted que es un recuerdo?  
+ Para mí, usted dentro de dos minutos, será un recuerdo. Pese a que el tiempo nos volverá a brindar la oportunidad de llegar otra vez a entrecruzar palabras. Será recuerdo, porque cuando le vea le reconoceré, por lo tanto le he estado recordando todo ese tramo de días, meses, incluso años que no vi sus azulados ojos. Inconscientemente ha tenido la capacidad de hacerse un hueco en la humilde mollera de este viejo navegante.
-¿Un suspiro puede llegar a ser un recuerdo?
+ Sin duda, los mejores recuerdos son aquellos que no te propones memorizar. Un suspiro puede llegar a convertirse en tu pesadilla nocturna o en tu alegría mañanera, pero si lo tiene presente, está dentro de su subconsciente.
-¿Y un momento?
+ Son los más abundantes en el campo del recuerdo. ¿Por qué? Quizás porque un momento recopila muchos recuerdos. Un suspiro está dentro de un momento, usted forma parte de muchos de ellos. Seguro que recuerda alguno hermoso que le hace soñar despierto y vivir dormido, ¿verdad?
-Si pudiera recordar señor, sabría lo que son los recuerdos.
+Venga, esfuércese.
-Me esfuerzo cada hora, cada minuto y segundo de esta vida, pero mi enfermedad es incompatible con sus humildes respuestas.
+Escríbalos pues.
-Perdí el noble arte de la escritura y con él la forma de expresar mis temores y miedos, sino ahora mismo le respondería a la pregunta de su mano. 

Gratuitos anormales en soledad.

Sobrepasa mis límites de la inocencia, la teoría que yo llamo “pequeña grande inferioridad”. Estoy cansada de que los majestuosos sobradores de la mítica frase “respeta a tus mayores”, se aplique a cualquier hecho con la mínima importancia dando y tratando de lujo a los trovadores que te cantan ese himno adolescente.  Intento de personas razonables y egocéntricos que anteponen su edad antes que su inteligencia. Les doblas en conocimiento y experiencia, en astucia y rapidez, en sentido y como no, en modestia. Pero no, ellos creen estar a la altura del mismísimo dios tan solo por sacarte, a lo mucho, dos años de diferencia. Patéticos, eso me parecen. Cuentan contigo para cosas insignificantes, toman tu voto como papel higiénico y tus palabras como la música que acompaña a los rapsodas.

Niegan este hecho evidente porque ellos mismos se culpabilizan de usar ese mito como norma y orden, para anteponerse ante el campesinado. Es como la espada en tiempos antiguos, un arma de doble filo, te deja como rey ante tus compañeros de oficio y te retira cualquier argumento que puedas usar en su contra, puesto que la mitad de la humanidad presente, alaba el canto de las sirenas.

Pero he de contaros un secreto, magníficos soñadores de las nuevas leyes que proponéis como dictadura, el mejor argumento es el paso del tiempo. Seguir anteponiendo vuestra edad en vez de tomar como mando vuestra razón, que cuando paseéis con tres piernas y desconozcáis la mayoría de los sonidos de vuestro alrededor, sordos por falacias, me sentaré en un banco a oír como golpea el bastón al ras del suelo.

Gratuitos anormales en soledad. (GAES)
(Indirecta)

Otro nuevo en tu vida.

Sigo de pie a pesar de tantos golpes, tantos errores. ¿Qué hacer cuando no avanzas? ¿Qué hacer cuando te ves muda en este infierno? ¿Qué pensar?  Si reconociera sus respuestas, si supiera distinguir en sus verdaderas palabras, las cosas no se me escaparían tan lejos como están quedando. Sería magnífico poder estudiar al ser humano con cada uno de sus problemas, de sus quebraderos de cabeza, estudiar cada momento nostálgico, cada lágrima y recuerdo. Si todo fuera tan fácil su estudio no podría realizarse y si se realizara y dieran soluciones científicas a cada perturbación sentimental… no seriamos humanos. Bien, todos tenemos épocas menos acordes con la felicidad y más gloriosas y rebosantes de alegría, pero a veces las temporadas se vuelven “costumbres”. Día a día, cada elemento tiende a crecer y se encaja otro nuevo a tu vida.

Se me escapan entre los dedos los momentos.

Tropezones.

Todos tenemos malas épocas en las que intentamos levantarnos con el pie derecho, literalmente, para no empeorar las situaciones con malas contestaciones o respuestas erróneas, a preguntas incoherentes o con todo el sentido del mundo. Toda precaución es poca ya que no puedes permitir ningún resbalón o todo se te desbordará de las manos como lluvias torrenciales. Sin embargo, hay pequeños puntos de apoyo que con solo recordarlos crean una barrera de dura piedra para que el cauce no se vaya, es decir, pequeños detalles que hacen que sigas por el buen camino sin batir los records de pesimismo. Pero ¡ojo! Cuando piensas que vas controlando la situación, cuando piensas que has agarrado las cosas con ambas manos… ¡zas! Adiós caudal. Y dime,  ¿cómo recuperas de nuevo el mismo agua que has caído? Gran parte la habrán absorbido diferentes medios: el suelo, una simple mosca, el propio clima… Recuperarás el agua, pero no todo el porcentaje, por lo tanto tu debilidad va en aumento. Si cae una gota más, caerás en el propio charco y te ahogaras.

Las hormigas crean montañas que cobijan su dormitorio… un pequeño fallo y dulces sueños.