Gratuitos anormales en soledad.

Sobrepasa mis límites de la inocencia, la teoría que yo llamo “pequeña grande inferioridad”. Estoy cansada de que los majestuosos sobradores de la mítica frase “respeta a tus mayores”, se aplique a cualquier hecho con la mínima importancia dando y tratando de lujo a los trovadores que te cantan ese himno adolescente.  Intento de personas razonables y egocéntricos que anteponen su edad antes que su inteligencia. Les doblas en conocimiento y experiencia, en astucia y rapidez, en sentido y como no, en modestia. Pero no, ellos creen estar a la altura del mismísimo dios tan solo por sacarte, a lo mucho, dos años de diferencia. Patéticos, eso me parecen. Cuentan contigo para cosas insignificantes, toman tu voto como papel higiénico y tus palabras como la música que acompaña a los rapsodas.

Niegan este hecho evidente porque ellos mismos se culpabilizan de usar ese mito como norma y orden, para anteponerse ante el campesinado. Es como la espada en tiempos antiguos, un arma de doble filo, te deja como rey ante tus compañeros de oficio y te retira cualquier argumento que puedas usar en su contra, puesto que la mitad de la humanidad presente, alaba el canto de las sirenas.

Pero he de contaros un secreto, magníficos soñadores de las nuevas leyes que proponéis como dictadura, el mejor argumento es el paso del tiempo. Seguir anteponiendo vuestra edad en vez de tomar como mando vuestra razón, que cuando paseéis con tres piernas y desconozcáis la mayoría de los sonidos de vuestro alrededor, sordos por falacias, me sentaré en un banco a oír como golpea el bastón al ras del suelo.

Gratuitos anormales en soledad. (GAES)
(Indirecta)

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