Hoy se lo querría dedicar a una persona muy importante en mi vida, que por desgracia me dio a entender que la vida no entiende la diferencia entre ternura y maldad. Ella estaba llena de ternura y se la llevaron… ¿Dónde? Quién sabe. No hay día que no me acueste y piense en ti, muchas veces me vienen a la cabeza bellas imágenes, pero guardo una imagen tuya que me desmoraliza cada vez más… una visita cordial para verte y sentir que estabas bien, te encontramos al final del pasillo, acurrucada al andar con un paso débil, llevabas tu bata que apenas te protegía del frío y tan… transparente. Sin embargo pensé que habías recaído nuevamente pero con tu fuerza volverías a levantarte. Adiós, fue la última vez que te vi. Me despedí dándote un beso en lado izquierdo de tu cara, tú acostada en tu cama, pálida, sin color… giré la cabeza y salí por la oscura puerta que ya marcaba un hasta pronto sin respuesta.
Pero pienso que es mejor recordar cosas que te puedan alegrar la existencia y no venirte abajo con muchas otras que puedas llegar a recordar, porque como muchas veces digo y diré, lo bonito de los recuerdos es poder recordarlos. Yo sé, que pese a que ya no te volveré a palpar, te visito cada noche, cada día, cada sucio minuto de esta mierda de vida y te veo, pero no te siento. Te he escrito mil y una veces, te he llorado más de un millón, pero te he sonreído muchas más cuando aún te podía tocar. Sé que por muy difícil que sea estar sin ti, me sigues alegrando con cada pista que me dejas: lo estúpidos sobres de mi día de cumpleaños con tu firma y palabras dedicadas hacía mí, con fotos tomadas de forma espontanea y que guapa salías, con cada rincón que sigue oliendo a ti, con cada flor que veo en cada jardín… No me cansaré de repetir que para mí fuiste y serás un ejemplo a seguir.
Detesto recordar en cada mes el día que nos dejaste con el corazón a medio partir, ¿por qué recordarlo? Mejor recordar cada momento que nos acompañaste. Cada día me cuesta más hablar sobre ti, cada día soy más sensible y menos inmune a tu nombre, poco a poco me quedo sin palabras que dedicarte pues cada vez es más difícil hablarte y saber que no contestarás.
Por último decirte que te recuerdo como si fuera ayer cuando te fui a ver al pueblo, que jamás me olvidaré de tu sonrisa, ni de tu personalidad y que siempre estarás cerca de mí.
Te quiero abuelita, cuídate.
Una parte de ti. Siempre la recordaré, siempre.
ResponderEliminarque puta preciosidad de entrada...
ResponderEliminarsiento mucho lo de tu abuela, pero los recuerdos siempre la mantendrán viva
Gracias, de verdad
ResponderEliminar