Un día matutino.


Comprimo mi pensamiento en frases y esas frases en palabras. No todo lo que vives y sientes puedes comprimirlo para meterlo en un tarro que jamás abrirás. Sin embargo los bellos momentos son tan fáciles de acortar que con tan solo una mirada se puede decir todo lo que sentiste.
Me levanté, con el sueño todavía manejando mi piel, como cada mañana mi reflejo en el espejo apareció al ir a buscar mi desayuno con paso firme y cansado. Me miré y vi una mirada perdida, tan solo transmitía cansancio y pasión por nada. Llegué, abrí el armario que me intentaba decir buenos días con un chirrido. Leche fría. Terminé y pose la taza en la encimera. Al baño. Dientes, cara y manos. Elige ropa, preferí  ir con un calor delicado para vencer al frío que irrumpía en las calles. Algo de color para mis mejillas. Alegrar la cara. Coger mi saco de sabiduría y salir. Bajar las escaleras y tener que sonreír al día cubierto de niebla.
Es algo matutino, quizás con algunas variantes como la vestimenta o sonreír al día. Pero la mirada… ¿Qué fue de mi mirada? Ha perdido sentimiento, pero sigue siendo mi mirada, un método para transmitir mis pensamientos, mis ilusiones y mis tristezas, sin necesidad de fingir una gran sonrisa o una cara desilusionada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario