Verdades.


Llegó la hora de dar la cara al mundo entero y decir verdades que ofenderán pero con tanta razón que no me dolerá decirlas. Llegó la hora de creer y fabricar para mí y no para ti, ni para él, ni el otro de más allá. La preocupación por personas que no merezcan la pena se irá y volverá la importancia de lo importante. Empezaré a ver más de lo que el exterior muestra y aprenderé que la piedra con la que tropecé seguirá en el mismo lugar, por lo tanto, rodearé. Valoraré aquello que me haga aprender alguna que otra lección y desecharé toda aquella paja que lo único que hace es engañarte y ocupar sitio en eso que llaman corazón. Colgaré de mi pared fotografías de bellas sonrisas y tiraré por el balcón de mis ojos todos esos errores que me destruyeron el interior. No me olvidaré de todas aquellas personas que siempre están ahí, les dejaré lo más preciado que tengo mi colección de recuerdos.


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