Contemplar el bello paisaje veraniego. Los rayos inciden en el trigo dando un color oro, la hierba parece ondulada, tú cara, tu cara marcada con diferentes sombras y tus ojos a medio cerrar, la luz te molesta. Por mucho tiempo que pasas en este columpio, arriba, abajo, nada viene a ti. La buena vida hay que ganársela, mancharse las manos, expulsar sudor, notar el cansancio, dolor, ansiedad… Yo no soy la que contempla el campo de colores cálidos. Estoy en mi casa, lavándome las manos.
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