Cuando mis manos se ponen en frente de un teclado, de un boli y papel, se ponen a escribir, sin pensar, solo moviendo los dedos para dibujar mí alrededor. Es tan variable. Algún que otro día, mis manos escriben sin ganas, tristes, porque lo que escriben no es más que cosas con sentido, cosas con sentido que terminan sin tenerlo, porque no sé como plasmarlo. Dibujar un sentimiento es tan complejo, como capturar una nube en un frasco y guardarla de recuerdo, como tener tu mirada entre mis manos y guardarla en un cajón, como… ¿ves? Incluso la complejidad es compleja. ¿Y una foto? ¿Si describes un sentimiento por medio de una foto? Es más difícil aún, porque una foto puede sugerir para una persona una cosa y para la de más allá, otra distinta. Tú ves una fotografía tomada en un día lluvioso, a un charco y… ¿Qué piensas? Pensarías que es una foto sin más, en cambio, para mí, refleja esa añoranza por algo, esa tristeza, nostalgia y melancolía… Todo es saber entender al que lees o ves. Por eso mientras escribo, leo lo que plasmo, para poder entenderme, porque aún ni siquiera me comprendo.
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