Me quedo con el seis.


Lanzó al aire un dado, apostando por el seis, saliendo todo el rato el tres. Lo vuelvo a tirar, sale el tres. Último gesto hacía el aire… y otra vez sale el tres. Confiada todavía en la posibilidad de ese seis, me levantó del suelo y camino hacía ningún lugar. Hablo silenciosa y recorro mi brazo con una caricia personal.  Fingiendo todavía el saber todo, sin saber nada,  abro ese libro donde escribía todos esos momentos que he podido vivir, al que quise llamar en su tiempo “querido diario”. Paso las páginas, como quien ojea un periódico sin buscar nada. En tres de cada seis hojas había una posdata firmada por mí, con una foto nuestra,  abrazados. Pase las páginas hasta llegar a la última. Estaba en blanco. Me decidí a poner finalmente: “querido diario, te quería decir que el seis no es más que un sueño irreal, recuérdame que en vez de elegir el seis, elija ese tres que nunca me ha gustado, pero que es el más real. Posdata: sálvame de esta suerte tan desafortunada.” Después de rellenar la página en blanco, con mi letra, lo cerré y lo tiré a esa lumbre que iluminaba mi cara amarga.
Al día siguiente compré otro y lo comencé: “Querido diario, hoy tiré el dado apostando por el tres y me salió el seis…, creo que al final me quedaré con el seis, ha sido difícil que saliera, pero es el único que ha desplegado mi sonrisa, entiéndelo. Posdata: aquí te dejo mi firma, sin foto, pero con algo más importante.”  Cerré con llave el diario y me colgué la llave del cuello. 



2 comentarios:

  1. Cuando comenté que los comentarios deberían aportal algo, me referia a algo en concreto, no solamente caras... explico para las paredes...

    Por cierto, me gustan mucho tus comentarios. Son muy buenos. Sigue así...

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